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martes, 6 de noviembre de 2012

Distintas interpretaciones del Islam.



Si bien Samuel P. Huntington (1998) refiere en su libro El Choque de Civilizaciones que “la ‘reafirmación del islam, sea cual sea su forma sectaria concreta, supone el repudio de la influencia europea y estadounidense en la sociedad, política y moralidad locales...” (Huntington, 1998:254), encontramos que podemos, en una primera instancia, dividir al islam en dos partes: islam radical e islam tradicional; en segunda instancia, que el mundo musulmán no sólo lucha contra la occidentalización de su cultura, sino que dentro del mismo islamismo existen pugnas y fracturas de singular importancia: el Islam está dividido.
Para sustentar lo anteriormente mencionado, Sheikh Hisham Kabbani (2001) refiere a una serie de características que definen tanto al bloque radical como al tradicional del islam y denuncia, por decirlo así, la cantidad de atropellos que los radicales cometen sustentando sus acciones en una ideología que, para el autor, se separa del espíritu propio de su religión.
Aparentemente el divisionismo en el islam está contemplado en el Corán cuando encontramos la siguiente cita: “Dios, si hubiera querido, habría hecho de vosotros una sola comunidad, pero quería probaros en lo que os dio. ¡Rivalizad en buenas obras! Todos volveremos a Dios. Ya os informará Él de aquello en que discrepabais...” (Corán; 5:48).
La anterior cita es reforzada por las deducciones teóricas del erudito musulmán al-Ahzar Muhammad Abu Zahra, citado por el autor, en donde elabora un acercamiento a las discrepancias religiosas y, a grandes rasgos, refiere que si los pensamientos acerca de lo conocido pueden llegar a diferir de una persona a otra, esta situación es mucho más visible cuando se trata de la religión. “El mensaje celestial es el más sutil y es el más difícil de entender completamente en todos sus aspectos. Esta es la razón por la que nosotros creemos que, aunque alguna gente pueda estar de acuerdo en cierta religión, tienen diferentes opiniones y maneras de interpretarla...” (Hisham, 2001)[1].
Adicionalmente debemos tener en cuenta que el fenómeno de la religión se caracteriza por ser sumamente subjetivo. Luego entonces, para algunos ciertos tintes dentro del islamismo se consideran como “buenos” porque así es como suponen que es porque así se desprende de la forma en que se interpretan los fenómenos religiosos; igualmente, existen contrapartes que no consideran que eso “bueno” lo sea tanto. He aquí la división en el islam: tenemos, según el autor, dos interpretaciones: la tradicional y la radical.
La interpretación tradicional: “Al considerar el islam tradicional frente al islam radical... vemos que la diferencia entre ellos radica, no en las creencias básicas de la religión, como son la unidad de Dios, el mensaje del Profeta... o las obligaciones (cinco oraciones, el peregrinaje, el ayuno, la caridad, etc.) sino de una ideología que emana del amor al liderazgo y la mala interpretación de la gente que no entiende debidamente la religión. La discusión se mueve fundamentalmente alrededor de la política y valores que no tiene nada que ver con la esencia de la religión...” (Íbid).
Para quienes profesan el islam en su interpretación tradicional, los rituales, conocidos como los “cinco pilares” resumen la religión islámica en lo siguiente: “La base es llamada de Shahada, ‘testimonio de fe’, centro de toda doctrina islámica... Los restantes pilares son los siguientes: rezar vuelto hacia La Meca cinco veces al día, de la madrugada a la noche; pagar el zakat (impuesto obligatorio de 2.5% de las ganancias anuales, destinado a los pobres), ayunar durante el mes de Ramadán, desde el alba hasta el anochecer, y hacer peregrinación a La Meca por lo menos una vez en la vida...” (Soares; 1995:54).
La diferencia más fuerte que se encuentra entre islam tradicional y radical lo encontramos en su interpretación respecto del Jihad o “lucha sagrada”. Para los tradicionales, la “lucha sagrada” se interpreta como esfuerzo o empeño para lograr algo en dos formas: externa e internamente. En su forma externa podemos encontrar a la guerra sólo como una de las modalidades que solo se encuentra justificada si tiene como objetivo el mantenimiento o conquista de la paz y para repeler fuerzas contrarias a la justicia y a la verdad con el fin de que el mundo no sea poseído por el caos. Sin embargo, la más fuerte e importante (“gran jihad) consiste en una lucha interna o espiritual: “la jihad tiene antes que nada este último aspecto, de combate contra las pasiones, vicios y limitaciones del propio ego... Si el verdadero objetivo de la lucha es la gloria personal, o la obtención de riquezas, o el simple odio contra otro pueblo, no se trata de jihad. Para ser legítima, según el Islam, la “pequeña guerra santa” debe implicar para el combatiente el amor a Dios y a la religión...” (Íbid: 56-57).
Para el islam tradicional, la religión es un pacto entre el hombre y Dios en donde se debe observar un camino de moderación y de tolerancia. De esta manera, no puede haber coacción y no es válido utilizar la fuerza en la religión (Hisham, 2001).
En este sentido, el islam tradicional y los musulmanes que lo profesan piensan que no hay derecho para crear confusión, quebrantar la paz de un país o preocupar al gobierno de una nación, eliminar su autoridad por la fuerza, etc., siempre y cuando exista libertad en el país para ejercer su religión y cumplir con las obligaciones inherentes a ella.

La interpretación radical: esta interpretación es representada en el pueblo musulmán por el Movimiento Wahabi que fue creado por Muhammad ibn Abdel-Wahhab aproximadamente en 1787 d.C. Estudioso y erudito, este fundador siempre se distinguió por externar opiniones por demás extremas en cuanto a la religión del islam. Del mismo modo, sus seguidores han llegado a extremos más lejanos. “Ellos han llegado más allá de considerar la religión como jurisprudencia, los hadices del Profeta... y las obligaciones, y han interpretado todo como prohibido. Si algo no se adapta a ellos, por ejemplo fumar, lo consideran prohibido. Y cualquiera que fume es un infiel... Cuando no conocían nada sobre el café también lo consideraron prohibido. También consideraron la tierra como plana y lucharon contra todos aquellos que dijeron que era esférica – hasta los 70 incluso el erudito Wahabi/salafi Bin Baz insistía en que era plana...” (Íbid.)
Este movimiento proviene principalmente de las naciones del Golfo Pérsico, Afganistán, India, Pakistán y África del Norte y actualmente penetra en Asia Central y el Cáucaso.
El factor fundamental que se podría señalar como la gran diferencia entre islam tradicional y el radical, consiste en que los grupos radicales rechazan las nociones tradicionales religiosas y se centran en la politización de la religión.
Este grupo, como ya se mencionó anteriormente, da una interpretación diferente al Jihad o “guerra santa” otorgándole mayor importancia a la forma externa de lucha sagrada.
De acuerdo con Hisham, la estrategia de los Wahabi en Asia Central se centra en dos actividades principales: “1. Inundar el mercado religioso con enormes cantidades de literatura de los reformistas Salafis para comunicar su revolución del Islam o el Jihad contra el gobierno y dirigirse contra los estudiantes e intelectuales que tienen acceso libre a la lectura y el estudio; 2. Favorecer el activismo militante, que se ocupa desde protestas y la fundación de mezquitas antigubernamentales y madrazas hasta su actual campaña de actos de terror y operaciones militares levantiscas...” (Íbid.)





Bibliografía

1.     Soares de Azevedo Mateus, Iniciación al Islam y al Sufismo, Ed. Panamericana, México, 1995.

2.     Huntington, Samuel P., El choque de civilizaciones, Ed. Paidós, México, 1998.

3.     Hisham Kabbani, Sheikh, Islam Tradicional vs Islam radical en Asia Central y el cáucaso, en:

http:www.webislam.com/numeros/2001/01_01/Articulos%2001_01/Tradicional_radical... (17/10/02)




[1] http:www.webislam.com/numeros/2001/01_01/Articulos%2001_01/Tradicional_radical... (17/10/02)

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