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martes, 11 de septiembre de 2012


La pelea.

Ser ateo es gratis. Sostenerse como ateo, no. Cuesta tiempo, preparación, enfrentamientos y discriminación en el mejor de los casos. Muerte en el peor.

Diversos ex - creyentes manifiestan que les costó mucho aceptar y dar este paso (salto, más bien), dado que las enseñanzas heredadas de papá y mamá transmiten a su vez la necesidad de sentirse protegidos y amados por seres imaginarios.

Les ha costado trabajo porque en algún momento sintieron miedo al aislamiento generado por rechazo social; sufrieron algún nivel de angustia al darse cuenta de que lo importante no está en vivir para un “más allá”, sino en vivir en el “más acá”. Pero después desarrollaron una mentalidad que cree en la vida antes de la muerte, no después de ella.

En una sociedad compleja, diversa y sumamente esotérica, no es fácil enfrentar a los demás autoafirmándose como ateo. Ese punto es sabido, conocido y sufrido. Pero ¿qué pasa después?

En el mundo virtual, es común encontrar foros y páginas en Internet dedicados cien por ciento al debate entre ateos y teístas, entre ateos y ateos y entre ateos y “Luigis” atolondrados y extremistas.

El nuevo ateo busca a otros ateos en la red para conocer más sobre el ateísmo y tal vez para quitarse de la duda sobre si los ateos comemos niños o no. Pues no, los ateos no hacemos eso; son los masones los que comen niños. Es un chiste malo. En fin.

El recién parido ateo se encuentra con un mundo también ateo sumamente complicado, donde muchos otros ateos de “abolengo”, con mucho estudio y años y años de dedicación a la biología, a la educación, a la psicología, a la sociología, a la matemática, a la física, a la química, a la antropología, a la astronomía, a la historia y a un larguísimo etcétera, no hacen más que abrumar al recién llegado.

Ya entrando en los foros, se complace al encontrar títulos de debates de alto nivel sobre una infinidad de temas. Este nuevo ateo se suma al grupo, al foro o lo que sea y empieza a trastabillar tratando de encontrar un lugar dentro de ese nuevo mundo ateo que, tristemente, muchas veces se cierne sobre él (o ella) con un sinnúmero de ataques, encontronazos, descalificaciones e imputaciones de falta de preparación, de ignorancia, de estulticia; donde muchos ateos se empeñan en “quitarle la máscara” al nuevo personaje para erguirse como jueces señalando sin temor a equivocarse que el nuevo ateo no es más que un creyente venido a menos.

Pelea, pelea y más pelea. “No tienes idea de lo que dices”, “no eres más que un ignorante”; “eres creyente y vienes a molestar a todos”; “demuestra con hechos que bla, bla, bla”. Y el nuevo ateo se entera por obra y gracia de sus compañeros que… realmente no sabe nada y lo que es peor: ya no tiene ganas de saber nada. Y se va sin saber nada.

¿Llegan a esa conclusión sólo porque este nuevo ateo no tiene la experiencia para defender una postura, para esgrimir razonamientos con una lógica suficientemente “calificable” para los ateos que ya tienen años y años en el campo del ateísmo? ¿No parece esto un poco injusto? Entonces ¿para qué abrir una página o foro si lo único que se va a hacer es dar una gala de los más extravagantes razonamientos científicos que pueden ser ininteligibles para un recién llegado?

Un ateo no necesariamente es astrofísico, matemático, ingeniero, sociólogo o psicólogo. Puede ser nada de eso, o puede ser todo lo anterior y en base a ello ¿para qué descalificar de entrada?

La necedad es característica del ser humano, así como también la soberbia y el egoísmo. Pero también está la solidaridad y la sabiduría. Hagamos un cambio de sintonía. Hagamos crecer a los nuevos ateos que vamos conociendo en lugar de descalificarlos y desecharlos por no cumplir con las expectativas de los que ya “saben mucho” y parece que no tienen nada qué aprender.

Debe quedar claro que el ateo siempre debe estar alerta ante los ataques de los creyentes, los fanáticos y extremistas, sean extraños, conocidos, amigos o hasta familiares, pero ¿por qué debe estar cuidándose de los demás ateos?

Sabemos muy bien que las opiniones entre los propios ateos pueden ser muy variadas y ello enriquece el debate y la existencia propia, sólo debemos detenernos a pensar por un minuto que el nuevo ateo desconoce esa diversidad y es nuestro deber transmitirle esa riqueza para lograr que más ateos se comprometan con el quehacer científico e ideológico.

Si vamos a invertir tiempo buscando en “YouTube” (o donde sea) los videos, documentales o chistes más bellos, sabios, pacíficos y persuasivos del ateísmo, hagamos de eso una mimesis. 

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