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miércoles, 8 de julio de 2015

De cómo (de repente) me volví atea militante.


Antes que nada, aclaro: esta experiencia es totalmente anecdótica. No me pidan hipótesis ni definiciones. Ya salí del posgrado y ustedes no ponen dieces.

Si algo aprendí cuando hice mi tesis de Maestría es que la militancia –por lo menos la religiosa o antirreligiosa – te pone muy idiota. Así.

Tal como me comentó una profesora, cuando eres activista en un grupo sueles ver la realidad con unos lentes puestos, los cuales te hacen ver lo que tú quieres y ocultan lo que no te gusta.

Pues bien. La verdad es que también he tenido mi historia de militante, pero de todo el activismo en el que he participado, el ateísmo militante es el que me pareció más guango y pueril. Así, como va.

Me explico. El activismo al que me acostumbré fue político, específicamente el tendiente a la izquierda (muy). Participé en un colectivo anarquista que simpatizaba con el Frente Zapatista de Liberación Nacional y una de las actividades en las que me involucré fue precisamente acudir a los entonces llamados “Aguascalientes” zapatistas en Chiapas. 


Viajábamos en grupo, en autobuses destartalados, con poco dinero y escaso alimento; mal dormidos, mal comidos y maltratados insistentemente por el Ejército mexicano que nos detenía a cada rato para esculcar nuestras cosas mientras aguardábamos pacientemente y quietecitos, pues nos apuntaban con armas de grueso calibre. Y mentadas.

Tanto en el Aguascalientes I (La Realidad) como en el Aguascalientes V (Roberto Barrios) tuvimos experiencias de este tipo. O nos apuntaban con sus tartamudas o nos rodeaban nomás por los lulz; o bien, nos asustaban con vuelos rasantes en la comunidad mientras cortaban la energía eléctrica. El Ejército siempre tenía algo divertido qué hacer para tenernos con el Monesvol en la boca.

Eso sí: a la hora de trabajar todo quedaba atrás y nos organizábamos para llevar a cabo las discusiones y exponer los resultados. Recuerdo bien que los propios compas no permitían que nos quedáramos sin comer o sin un lugar dónde dormir; nos amontonaban como fuera pero todos teníamos asegurada una tortilla al menos. 

Llegué a viajar casi 30 horas de corrido nada más para llegar a los encuentros zapatistas; al regresar escribía las denuncias o las memorias y en alguna ocasión se logró la publicación en la revista El Chamuco. De ahí que la SEGOB me puso en la mira. O al menos eso le dijo el entonces gobernador Loyola a mi mamá. ¿Miedo? Ni que fuera Jalogüin. Yo le seguí al activismo en mi rancho.

Pero como a todo momentum le llega su pared, el Frente Zapatista perdió fuerza y cayó en el olvido. En el ínter me convertí en mamá y pues ahí quedó el cuento.

Esa es la militancia a la que me acostumbré: con riesgos, acoso, participación, entrega, patadas, compromiso. Y mucha pinche diversión.

Un buen día un contacto del Feisbuc me solicitó ayuda para traducir un video de ateísmo del inglés al español. Me comentó que el asunto era de a grapa pero que incluirían mi contribución en los créditos del video. Pues va. 

Poco a poco me fueron pidiendo más ayuda para hacer lo mismo y con gusto traduje en mis ratos de ocio, realmente no me quitaba mucho tiempo. Y por supuesto, ya que subían los videos a YouTube solía compartirlos en el Feis y publicar boberías de ateísmo.

Un buen día, Daniel Zepeda “[Pa]pá E[Sc]éptico”, el moreliano inmortal, nos invitó a su cumpleaños. Fui a Morelia con Judith y nos reunimos con Ángel Bravo. Ya después llegó Zepeda y convivimos un rato con él. Fue en julio de 2011. Ya de regreso, ofrecí a Judith y a su marido llevarlos a la terminal de autobuses de Querétaro para que su regreso a Chilangolandia fuera más leve. 


Manejaba yo tranquilamente cuando Judith se soltó hablando como hilo de media y me dijo que estaba muy contenta por mi colaboración en la traducción de videítos de YouTube, que “ese activismo era muy importante para el ateísmo”. 

Recuerdo que giré mi cabeza despaciiiito y la miré buscando algún gesto de sarcasmo, risita burlona, qué sé yo. Pero no. Enarqué las cejas. Mis cejotas. Mis ojos como platos. La mujer hablaba en serio. “¿Activ… qué? ¿Eso? ¿Yo? 



¿Eso de qué va? ¿De qué se trata? ¿Cómo es posible que una aportación pírrica, perdida entre millones y con escaso alcance se considere activismo? ¿Cómo es que una persona de la noche a la mañana ya es considerada activista sin habérselo propuesto, sin haber un mínimo de organización - ya no digamos consenso- en una agrupación limitada, amorfa, nada comprometida e indisciplinada? Ni siquiera es “Comunidad”.

Ya no supe ni cómo pero de repente ya me consideraban (sí, los demás) atea militante. Y bueno, pensé, una raya más al tigre. Si de lo que se trata es de colgar videos, publicar en Feis, ir a comiditas y hacerse pendejo, no le veo el problema.

Claro, todo eso lo pensé. Ya en mi soledad reí y reí y reí. A decir verdad, hasta la fecha me sigo riendo del ateísmo militante y es por lo siguiente:

A lo largo de esa breve temporada en la que participé en el –según esto- ateísmo militante, me di cuenta de que una de las actividades que más gustaba a los ateos mexicanos que conocí era quejarse de discriminación y alegar -y alegar y seguir alegando y alegar más- buscando cómo “defender” al discriminado. Duro y dale con lo mismo. El “mercado de lágrimas” le decía yo:


“Es que mis papás me regañaron por ser ateo”, “mi novia quiere que me case por la iglesia”, “mi mamá me obligó a hacer la primera comunión”, “mi pareja quiere bautizar al bebé”, “cuando fui al registro civil me preguntaron por mi religión”, “mi abuelita me regañó y me obligó a ir a misa”, “los Testigos de Jehová me molestan a cada rato”, “mi hermano me eliminó de sus contactos del Feis porque dije que no creo en Dios”, “mi novio es creyente, qué hago”, “mi marido no quiere que yo sea activista”

Y cosas de ese tipo. A eso le llamaban discriminación.

No me voy a meter en una discusión conceptual que me llevó seis meses organizar, pero una cosa sí les digo: JA. Eso no es discriminación. Son roces normales que se dan en cualquier familia, con cualquier pareja y en todo grupo social.

Se pueden quejar lo que quieran de una intolerancia light, de que les dejan de hablar o de que los demás se los cagotean por ser ateos, pero de ahí a que sufran agresiones físicas, que los acosen – acoso real, no que les manden mensajes privados por el Feis diciéndoles que se van a ir al infierno - o un día amanezcan muertos por eso; o bien, que alguna dependencia de gobierno no les quiera atender por ser ateos… hay una distancia bien pinche grande. Lean las noticias del mundo árabe. Allá sí está bien cabrón.

México no es un Estado Teocrático. Hay mucha guadalupana y harto sanjudero pero si se fijan bien, a la mayoría de la gente le vale madre que no creamos en dioses. Pueden (sobre todo en Feis o Twitter) discutir CON MUCHAS MAYÚSCULAS, vociferar, señalar, amenazar con que Dios nos va a castigar y un largo etcétera pero después de eso… la vida sigue. Todos seguimos viviendo, seguimos siendo ateos, seguimos teniendo nuestras cuentitas en redes sociales desde las cuales se puede ser ateo cómodamente militante, cerca del refri, usando como arma el afilado y amenazante teclado de la compu… porque en eso consiste, ¿no? En darle “me gusta” a mamada y media.

Mi opinión: realmente no considero que sea necesario el ateísmo militante en México. 

Fuera de hacer el Congresito, de intentar fondear espectacularateos, de reunirse en comidas y cenas invitando a vacas sagradas o irse a chupar alcohol como esponjas, ¿qué se ha hecho? ¿Qué carajo es lo que necesitan? ¿Hacerse escuchar? 

Perfecto, pero viene la pregunta del millón de dólares: 

Además de ustedes, ¿a alguien más le importa? 

Y la pregunta de los dos millones de dólares: 

Después de hacerse escuchar, ¿qué? ¿Qué chingados sigue, caray? 

Vamos a suponer que consiguen reunir a mil ateos en una ciudad. ¿Qué van a hacer? 

  • Discutir y analizar en la escala del 1 al 10 qué tan pendejos están los creyentes.
  • Incendiar iglesias y golpear cristianos con El Espejismo de Dios.
  • Medirse el chile en un debate con un cura para que al final cada quién crea en lo que se le pegue la gana... cual debe ser.
  • Hablar –nomás por el placer de echarse un rollo - de que es necesario el ateísmo en México, cuando lo necesario es que cada quién tenga la libertad de creer o descreer como quiera. Y eso ya existe, es una realidad.
  • Sacar de la manga que según el INEGI ya hay más ateos en  México y que ¡hay qué hacer algo! Pero es falso. INEGI no dice eso. Y ustedes no van a hacer un pito.
  • Irse de peda.
  • Añorar vivir en Suecia.
  • Organizar otro congreso que acabarán haciéndolo tres personas.
  • Quejarse.


Por eso me río del ateísmo militante.

Ódienme más. Me gusta.





viernes, 13 de diciembre de 2013

“Los Ateos de Verdad” (De Inimicis Nostris Libera Nos)


A todos, todas, 
ateos y ateas de México y Méxica, 
del Mundo y de la Munda, 
de las redes y de los redos sociales
y que leerán esta entrada 
porque se llama “Los Ateos de Verdad” 
(De Inimicis Nostris Libera Nos)
les pregunto: ¿conocen a Giovanni Sartori?

 Sempronio ha llegado por fin a su disertación, al Ph.D. americano. Se le repitió hasta el cansancio que su tesis debe ser original y que debería girar en torno a una o más hipótesis. Sempronio investiga los gatos; pero ¿cómo se hace para ser original estudiando los gatos? Piensa y piensa y elige el perro-gato; y su hipótesis es que todos los perros-gatos emiten el sonido miau-miau. Su director de tesis dice “interesante”, y una fundación contribuye con 100,000 dólares para la investigación. Tres años después Sempronio reaparece, más bien deprimido. La hipótesis, admite, no ha sido confirmada: es verdad que muchos perros-gatos emiten el sonido miau, pero otros muchos no lo hacen. En cualquier caso, dice Sempronio, en el curso de la investigación se me ha ocurrido una hipótesis alternativa: todos los perros-gatos emiten el sonido bau, bau. Pasan otros tres años, se gastan 100,000 dólares más, y nuevamente la hipótesis es refutada: es verdad que muchos perros-gatos hacen bau, bau: pero muchos otros no lo hacen. Sempronio está desesperado, y su director se siente incómodo, no sabe qué más sugerir. Al final le aconseja interpelar al oráculo de Delfos. Sempronio llega a la caverna por la noche, y el oráculo se sentía cansado. Cansado de articular respuestas sibilinas. Lo escucha, y movido por la piedad le dice: amigo mío, te diré la verdad sin velos; la simple verdad es que el perro gato no existe. (Sartori; 1991: 36-37)

Sartori, como el chingón que es, me exigiría definir "ateo". Sí, es el chingón... o al menos es más chingón que yo y que los que lean esta entrada. Pero no escribiré aquí la definición de “ateo” porque ya todos se la saben ¿verdad que sí? Además me da hueva ponerla.

Pero lo que no conocemos es qué demonios es un “Ateo de Verdad(Sanctificétur Nomen Tuum). ¿De dónde sale este término tan cagado? Del mismo lugar de donde sale el “perro-gato” de Sartori:

“Nace de cuatro fuentes que se refuerzan una con otra: I) el parroquialismo, II) el clasificar incorrectamente, III) el gradualismo y IV) el alargamiento de los conceptos” (Ídem).

Veamos: ¿qué es el parroquialismo? Son “los estudios…in vacuo [en lo aislado, para que me entiendan: nota de yo] que pura y simplemente ignoran las categorías de análisis pertenecientes a teorías generales y que entonces adoptan con despropósito términos fabricados a medida y, al mismo tiempo, sin medida. (Íbid: 37)

Según los más furibundos ateos de perrigrí, el ateo-ateo, el mero mero canchanchero, el chingón y real, benemérito e impoluto, Supermán reloaded, es el Ateo de Verdad (Sed Líbera Nos a Malo), quien:

  • Es defensor de los animales
  • No es defensor de los animales
  • Practica la censura
  • No practica la censura
  • Es vegano
  • No es vegano
  • Dice que es ateo en su “perfil”
  • No dice que es ateo en su “perfil”
  •  Respeta las ideas de los demás
  •  No respeta las ideas de los demás
  •  Celebra la navidad sin importar qué digan los demás
  •  No celebra la navidad sin importar qué digan los demás
  •  Es escéptico
  •  No es escéptico
  •  Es de izquierda
  •  No es de izquierda
  • Le dice "naco" a los demás [pinche blof de gato persa, por cierto]
  • No le dice "naco" a los demás
  •  Defiende los derechos humanos
  • No defiende los derechos humanos
  • Hace bisne
  • No hace bisne

Y así.

Nota uno: cabe señalar que cada vez que he leído los pleitos de “soyateonosiertocállateestúpido” me pregunto si ya se tomaron su medicamento. Eso incluye a la que acuñó ese esperpento de término.


Nota dos: no dudo de la importancia de defender los derechos humanos. El asunto es que en la Declaración Universal hay un artículo que se llama "18" pero parece que algunos ateítos se lo brincan cuando la leen. Así las cosas, más bien son "defensores de algunos derechos humanos, en especial los que me gusten".


En fin, si eres ateo de mentiritas, ojete, magufo, grosero, meapilas (WTF!), asesino, mamón y malhora (como yo, por supuesto), pues lo siento: no estás incluido en el concepto de Ateo de Verdad (Gratia Plena)

O sí, da igual.

Y sucede lo anterior porque, dice Sartori, la clasificación incorrecta “… crea monstruos más ‘sofisticados’, más refinados...” (Ídem).

Pero el Ateo de Verdad (Fiat Volúntas Tua) surge no sólo de una clasificación incorrecta (qué digo incorrecta, ¡inverosímil!) sino también del gradualismo que “es producto del abuso de la máxima según la cual todas las diferencias son diferencias de grado, que pueden extenderse sobre un continuum de más – menos. De este modo no hay sanos o enfermos, sino más o menos sanos-enfermos”. (Íbid: 38)

Así que… todos ustedes son (más o menos) ateos-no-ateos-veganos-carnívoros-defensores-izquierdosos-derechosos-reaccionarios-chairos. ¿Por qué? Porque sí. Y porque YOLO.

Y luego tenemos el alargamiento de los conceptos: ésta es la parte chida. Es cuando un término se ha sido estirado tanto que significa cualquier cosa.

“Un ejemplo de concepto alargado hasta el punto de convertirse en nada es ‘ideología’. En su uso corriente la palabra no tiene más contrario; todo es ideología por definición, sin posibilidad de prueba contraria; de este modo el pensamiento-falso y la investigación de la verdad se confunden en una noche posthegeliana en la cual toda la zoología está constituida por vacas grises” (Íbid: 39-40).

Luego entonces, derivado de la lista taaan bonita anterior, un Ateo de Verdad (Per Signum Sanctae Crucis) reúne una gama de características notables y destacadas que comparte con (más o menos) 7,163’901,500 de personas en el mundo. 

Eso se traduce en que el supuesto Ateo de Verdad (Dominus Tecum) no es más que un ser humano con ciertas filias y fobias, que hace ciertas cosas y otras no las hace al igual que cualquier otra persona. Por eso, el Ateo de Verdad (Glória in Excélsis Deo) no existe, igual que el perro-gato de Sartori.

Pero de vez en cuando por ahí anda el Ateo de Verdad (Adorámus te, Glorificámus te). De repente surge en los debates y pleitos entre ateos, cuando juegan a hacer equipos y tirarse mierda: es aquél que está de acuerdo contigo. Si no lo está, es un falso ateo. Ah, qué pinche feo es eso. Piénsalo.

Así que no hay de qué apurarse. Si quieres, si te urrrrge ser reconocido como un Ateo de Verdad (In nomine Patris) pasa a esta página por tu credencial.

Truly Mine,
Mónica Moreno.

Bibliografía:

Sartori, Giovanni y Morlino, Leonardo (eds.), (1991) “La comparación en las ciencias sociales”, Alianza Universidad, Madrid.

lunes, 5 de agosto de 2013

Lo básico de Marx o para discutir sabiendo de qué se habla.


Para entender a Marx y su marxismo es necesario tener en cuenta dos cosas: su filosofía y su humanismo. Consideremos además que Marx, entre muchas otras cuestiones, abordó en sus teorías temas como la economía, la política, la filosofía, la ideología y la sociología. Centrémonos en la perspectiva sociológica e ideológica.

¿Cuál fue uno de los principales ataques hacia Marx como científico social? Que nunca escondió su ideología revolucionaria al realizar su obra. Pero me pregunto: ¿hay algún teórico social que no se haya visto influenciado por su ideología? La separación entre el científico y su carga ideológica es un mito. Podría decirse entonces, a favor de Marx, que él nunca intentó ocultarlo.

Una de las cosas más difíciles de entender de la teoría puramente marxista es su método dialéctico. Iniciemos entonces con esta cuestión.

A diferencia de Hegel, que se ocupó de la dialéctica en el plano de las ideas (tesis – antítesis – síntesis), Marx llevó a la dialéctica al terreno del mundo material. En la dialéctica no existe una relación unívoca de causa – efecto, muy propia del positivismo, donde éste es un conocimiento científico parcelario que se limita a los hechos del orden social existente, lo cual permitiría una corrección y un mejoramiento de la sociedad. El marxismo, utilizando la dialéctica, ve a los fenómenos como causantes de varios efectos mismos que, a su vez, tendrían también efectos sobre ese y otros fenómenos.

En otras palabras, tenemos tres métodos científicos: el inductivo, el deductivo y la dialéctica. El inductivo va de lo particular a lo general (observo una manzana, una pera y una sandía e induzco que todas son frutas); el deductivo corre de lo general a lo particular (veo frutas y deduzco que la manzana, la pera y la sandía lo son) y la dialéctica que tiene un movimiento más en espiral que directo. ¿Por qué en espiral? Porque no sólo considera los hechos presentes sino también su pasado y se busca prever el futuro con un modelo.

Para la dialéctica el hecho y el valor están entrelazados, no separados. De esta manera, no existen líneas divisorias entre los fenómenos del mundo social, sino que se van entremezclando; por ello es importante conocer la carga histórica y el contexto específico de los fenómenos sociales.

De esta manera, el científico social dialéctico se interesa por el estudio de las raíces históricas del mundo contemporáneo y por la dirección futura que tomará la sociedad. De esta manera, las fuentes del futuro existen en el presente.

El marxismo, como teoría sociológica, se centra en el problema del conflicto y la contradicción. Marx señalaba que para que las sociedades avanzaran era necesaria la presencia del conflicto para el surgimiento de una sociedad nueva (el esquema tesis – antítesis – síntesis). ¿En dónde está el conflicto en la teoría de Marx? En la lucha de clases entre proletariado y capitalistas, donde éstos son los que generan proletariado al obligar a los trabajadores a vender su fuerza de trabajo a cambio de un mal salario. A medida en que el capitalismo se expande, aumenta la cantidad de trabajadores y también el grado de explotación, ello a su vez genera más opresión y el resultado probable es la confrontación entre esas clases.

Por ejemplo, otra contradicción muy propia del sistema capitalista es la generación de monopolios. Las empresas grandes tienden a “comerse” a las pequeñas (podemos ver la gradual desaparición de las tradicionales “tienditas de la esquina” que no han resistido la presión y quiebran o son absorbidas por las grandes cadenas de supermercados). Al generar más y más monopolios, la oferta de productos puede llegar a superar a la demanda; es decir, la gente no va a adquirir los mismos productos a todas las grandes empresas (¿para qué queremos diez licuadoras en una sola casa?) debido a que no hay competencia por la ausencia de diversificación en la oferta. Las empresas se ven obligadas a reducir o hasta a frenar la producción entrando en crisis, además de que generan desempleo.

Las estructuras sociales y sus condiciones eran de gran importancia para Marx, pues consideraba que hasta que no llegara un momento histórico preciso, el cambio no se daría. Las personas (o seres genéricos) podían llegar a ser mucho más que un obrero preocupado por alimentarse y satisfacer sus necesidades inmediatas. Debido a la urgencia de esta satisfacción, los seres humanos viven embebidos en la dinámica capitalista olvidando lo que pueden ser capaces de desarrollar sin tener la opresión encima. Es decir, hay una diferencia entre las necesidades y las capacidades, pero primero que nada el ser humano debe tomar conciencia de su posición en el tejido social, donde la conciencia es “…desde sus orígenes, un producto social” dado que se deriva de la acción y de la interacción humanas.

Uno de los conceptos más utilizados por las diversas clases de marxismo es el de alienación (que quiere decir “alejamiento”): incluye cuatro componentes básicos:

Primero, los trabajadores están alienados de su actividad productiva, pues ellos no trabajan para sí mismos sino para los capitalistas a cambio de un salario. Así, la actividad productiva pertenece al capitalista.

Segundo, los trabajadores están alienados del producto, pues éste no pertenece al obrero y no pueden usarlo para satisfacer sus necesidades primarias. El producto y el proceso de producción pertenecen también al capitalista, y peor aún: a veces el trabajador ni siquiera conoce el proceso completo de la producción, pues se limita a elaborar solo una parte del producto.

Tercero: el obrero se aliena de sus compañeros de trabajo, imposibilitando la cooperación natural y habilitando el enfrentamiento debido a la competencia; así el capitalista ya no es blanco de la hostilidad sino que ésta se refleja en los compañeros de trabajo.

Cuarto, el trabajador se aliena de su propio potencial humano, pues su realización como persona se ve reducida a desempeñar un papel más parecido al de un animal de carga o a una máquina humana.
Otro concepto muy interesante pero menos abordado es el de la reificación. Puede considerarse como el proceso por el que se llega a creer que las formas sociales creadas por los humanos son naturales, universales y absolutas, por lo cual adquieren esas características. Las personas están convencidas de que las estructuras sociales están fuera de su control y por ello son inalterables y de esta manera las estructuras adquieren ese carácter.

Este proceso de reificación se observa en el trabajo al pensar que “así son las cosas en la chamba, ni modo”, al igual que en otras estructuras como la religión, la familia, los gobiernos y demás instituciones. ¿Por qué? Porque los seres humanos pensamos que no las podemos cambiar.

Con base en la suposición de que la estructura es la base de la vida material (modo de producción capitalista o el que sea), encima de esa forma de producción e influenciada por la misma, se eleva la superestructura en donde se encuentra la ideología. Puede definirse como ideología al “sistema integrado de ideas que es externo a los individuos y resulta coercitivo para ellos”. Para Marx, las ideas de la clase dominante son las que dominarán en un período histórico; es decir, la clase que posea los medios de producción material será la que posea los medios de producción mental.

De esta forma, el modo de producción o estructura va a condicionar la forma de gobierno, a la religión y a la ideología de una sociedad. Por ello, para modificar la vida social, política, religiosa e ideológica de una sociedad, era necesario modificar su modo de producción. Esta es la propuesta política de Marx, quien señalaba que “…el cambio que se ha producido en la base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente toda la colosal superestructura.

Debe existir, entonces, el famosísimo proceso de toma de conciencia (es decir, que el individuo sea plenamente consciente del lugar que ocupa en el tejido social) para que se dé cuenta de que, por ejemplo, la religión es una institución creada por él mismo y, por ende, es finita, humana, imperfecta y mutable.

De esta manera, los seres humanos deberíamos estar conscientes de que la religión es, en efecto, una institución de mucho poder ideológico y determinante del quehacer social de todos nosotros en estos tiempos, pero también deberíamos asumir que eso no quiere decir que no se pueda alterar. Si el mundo de las ideas está determinado por las estructuras económicas y su funcionamiento, ello quiere decir que la transformación ideológica de la sociedad es una tarea titánica pero no imposible.

Considero que la satanización de Marx consiste en que no está de acuerdo en que el capitalismo y el libre mercado sean productores de igualdad entre los seres humanos y en que propone que se debería abolir la propiedad privada para lograr una justa distribución de la riqueza. Parecería que colocó el dedo en la llaga de muchos grupos de poder, pero propongo que todos los individuos que asumen que el marxismo “está mal” por dichas razones se pregunten hasta qué grado el modo de producción capitalista está influenciando esa idea tan generalizada en nuestros días.

En otras palabras, ¿no será que el propio funcionamiento del capitalismo, es decir, su dinámica, su publicidad inherente, la reificación de las estructuras, la ideología producto del sistema, la alienación, el vivir embebidos en el “qué voy a comprar hoy”, “qué voy a dar de comer a mis hijos”, “no me alcanza el dinero”, “si hago o no hago esto no iré al cielo”, “tal o cual cosa es pecado”, “no pienses, cree”, “necesito posesiones para ser alguien”, etcétera, es el que está dictando la idea de que Marx estaba chiflado?

La discusión sobre si las ideas de Marx son todavía aplicables en la actualidad se responde con una sola oración: mientras exista el capitalismo, Marx seguirá vigente.



Fuente: Ritzer, George (1993). "Teoría Sociológica Clásica". McGraw-Hill / Interamericana de España, S.A. España. pp. 165-199


jueves, 13 de junio de 2013

Mi muro, mi casa.


Mientras más le estudio, más peros le encuentro a la idea de que cualquier cosa que se comente en las redes sociales está sujeta a censura. Ya van varias veces que me comentan lo mismo: es molesto que un individuo (a quien realmente muchas veces no conocemos), se suelte como hilo de media despotricando y mentando madres contra el autor del comentario, imagen, enlace, chiste o videíto de YouTube que cómodamente se ha pegado en el muro del Feis a la espera de puro comentario autocomplaciente.

Y viene la eliminación de comentarios. Censura, a fin de cuentas.

“No te permito que me insultes o que insultes a mis amiguitos”.
(No manchen. Muchos de los amiguitos ni se conocen)

“Voy a eliminar todos tus comentarios porque es mi muro y puedo hacer lo que quiera en él”.
(Sí. De hecho sí es su muro, pero ¿eliminar comentarios? No sea chillón)

“Es una falta de respeto a MI espacio”.
(Que vale la pena preguntar: si es un espacio, ¿cuánto mide? ¡Ash! ¡Pinches positivistas!)

Pero si no es del agrado del “dueño” del muro los comentarios que puedan verter algunos megalómanos, faroles, arrogantes y, en varios casos, gente que (admitámoslo) sabe más del tema que quien lo propuso, pegó o copió, entonces ¿para qué estamos en las redes sociales virtuales?

Está bien, calmados. Todos tenemos derecho a estar papando moscas en el Feis, en el Twitter o no sé dónde más; sin embargo, sería necesario ponerle todos los candados conocidos tipo FBI para evitar que gente indeseable vaya a joder en las publicaciones que tan sesudamente hacemos. Si entonces vamos a poner candados, vuelvo a preguntar: ¿para qué estamos en las redes sociales virtuales?

¿Será cierto que un muro o página de Facebook es como “su casa”?

Veamos, planteo un escenario real: si yo invito a alguien a mi casa (neta, la de deveritas, no la “casa” imaginaria del Facebook) y nos enfrascamos en una plática de proporciones más o menos aceptables y de repente me molesto porque ese alguien dijo algo que no me gustó, es cierto que tengo el derecho levantarme de mis posaderas, aclararme modestamente la garganta e invitarlo a pasar a la chingada de ahí porque, efectivamente, es mi espacio real.

Claro que me vería sumamente mamila al correr a alguien por eso de mi casa, perdería su amistad y, peor aún, me perdería a mí (no lo quiera dios).

Pero cabe entonces la pregunta:

¿Qué tan intolerante soy a la divergencia?

Si “su muro es su casa”, ¿quiere decir que cualquier cosa que contradiga su modo de pensar en su casa real también es objeto de censura? ¿Así se comporta usted en su espacio real? No es por pasarme de criticona (bueno, sí. ¿Y?), pero gracias por no invitarme a su casa, jamás.

Así, parece que algunos librepensadores con quienes interactúo en las redes virtuales se niegan a aguantarse los librecomentarios y librepractican la libreeliminacióndeloqueescribas. ¡No libremamen!

Ahora, es muchísimo más fácil pelearse y discutir en las redes sociales virtuales durante horas con alguien a quien probablemente no conocemos en persona porque no es una interacción cara a cara: es lo que eslaonda llamar “virtual”. Ese concepto de “espacio virtual” aún no ha cuajado, no se dejen llevar por las apariencias. ¿Por qué? Bueno, ni siquiera los fenomenólogos, que son ampliamente conocidos por su flexibilidad conceptual, aceptan que las redes sociales virtuales sean un espacio como tal. Entonces, ¿qué es el espacio?

Y subrayo esta discusión sobre el concepto de espacio porque es bien entretenido observar que algunos librepensadores se rasgan las vestiduras exigiendo la definición de conceptos.

Bueno, apliquemos la exigencia en todas estas cuestiones; es gachito andar por ahí como chiflados argumentando con conceptos que ni se toman la molestia de revisar. Hay que tener cuidado con el uso del lenguaje porque, a fin de cuentas, es la única manera que tenemos para hacernos entender, especialmente en la onda virtual.

Dice Ortega Varcárcel (2000)[1] que la noción de espacio es de carácter sensorial y también material. El espacio se objetiviza volviéndose existente independientemente de los objetos que contiene y lo hacen real. Una manera de percibir el espacio es reduciéndolo a la geometría euclidiana en donde se vuelve material, geométrico y neutro, que puede contener objetos y actores o puede contener nada. Es un espacio matemático. Kant añade al espacio una categoría: es la escena de la experiencia. Esto da pie a una geografía analítica en donde no se trata de una localización absoluta sino que incluye las relaciones que se producen dentro del espacio, a modo de ubicación de los fenómenos sociales.

Sí, las redes virtuales son un fenómeno social bien chistoso. Das “likes” y curas a niños del cáncer, organizas revoluciones y depones al Presidente. Cuelgo. Cueeeelgo.

También existen nociones objetivas y subjetivas del espacio, donde éste forma parte de la humanidad, donde el espacio matemático se opone al espacio vivencial; es decir, a partir de la percepción árida y vacía del espacio euclidiano que elimina lo vivido, se recupera la relevancia de las relaciones vitales ahí desarrolladas.

Cabe señalar que lo único euclidiano que le veo a “mi muro, mi casa” es lo cuadrado del monitor o aparatito superchido.

Luego encontramos una tercera dimensión conceptual que consiste en observar al espacio geográfico como producto social, donde el espacio se transforma en una característica de la conducta humana, es producto de lo que la gente hace y piensa, de lo que le es valioso y lo que no.

¡Ya sé: el teclear es un hacer y estoy pensando al hacerlo! Okei, me retracto. No puedo ser tan optimista con los que despotrican por haber sido molestados en “su casa” y menos con los que eliminan comentarios.

Así, el espacio se produce a lo largo de la historia (es un espacio social histórico); por ello el materialismo histórico analiza al espacio observando su racionalidad y su contenido específico; es decir, las actividades que ahí realizan los seres humanos. Es precisamente este lugar, en donde estas actividades se llevan a cabo, el que se relaciona directamente con lo social, con las relaciones y formas.

Dice el chinito Tuan (1977)[2] que para estructurar el espacio se requiere de inteligencia y de la operación de nuestros sentidos. El movimiento nos ayuda a discernir sobre la dimensión del espacio en donde nos encontramos y a identificar un lugar y los objetos que se encuentran en él. El tocar dichos objetos nos remite a ubicaciones, formas, texturas y tamaños así como a posibilidades de habitar en el lugar. Así, el espacio puede experimentarse de diversas formas: “…como la ubicación relativa de objetos o lugares; como las distancias y extensiones que separan o vinculan lugares y –en forma más abstracta- como el área definida por una red de lugares…” (Tuan, 1977: 5).

Es decir, para los mi-muro-mi-casa-fans, su casa es un aparatito.
¿¡Cuántos más, Calderón, cuántos más!?

Para acabar de desagradarle a la gente que insiste en que su “muro es su casa”, en la revista “Espacios” encontré esta definición de “espacio virtual”: “El espacio virtual es otra cosa. Se construye y practica a través de relaciones impersonales. No tiene tiempo ni espacio definidos. Es global. No tiene ni principio ni final. No tiene bandera, ni himno, ni escudo. No tiene puertos y aeropuertos. Ni oficinas de inmigración. No hay que presentar el pasaporte para entrar o salir. Se trata de una forma muy diferente de entender el globo y sus naciones, la ciudad y su territorio, la sociedad y sus direcciones.”[3]

Entonces, visto que un “espacio” virtual no es estrictamente hablando un espacio, ¿qué pasa con “mi muro, mi casa”? ¿Están loquitos? Porque es una pantalla. Sépanlo.

Dicen que lo del ácido fólico sí era cierto. Come frutas y verduras. Y carne.

Nota: dicen que dijo la CIA que le importa un pepino las fotos, imagen de perfil y contenidos de sus sitios de Facebook. Que ni que estuvieran tan buenos. Dicen.





[1] Ortega Valcárcel, J., (2000): Los horizontes de la Geografía. Teoría de la Geografía, Ariel Geografía, Barcelona.
[2] Tuan, Yi Fu (1977), “Space and Place. The perspective of experience”. University of Minnesota Press, Minneapolis.

sábado, 30 de marzo de 2013

Comunidad Atea®


Hace rato ya de la polémica que se desató en giro a un término que utilizamos algunos compañeros ateos en las redes sociales: “Comunidad Atea”. Me llovieron los mazapanazos, patadas y defínelosieresmuysácalepunta del Chairoateo con alma Tork, del chidísimo Kalepsheel y del muy respetable Miss VforVancouver respecto al uso de tal palabreja. Bueno, no lo olvido. Así, igual al 2 de octubre.

Total que la carga de la prueba recae sobre quien esgrime tal término. Después de una sesuda y profunda investigación realizada sobre lo que sociológicamente se entiende por el término “comunidad” y a fin de evitar la vergüenza que consiste en sacar una definición del diccionario, así sea de la RAE (por favor, démosle altura a la investigación seria), encontré una definición que más o menos reza así:

“Comunidad sirve, a la vez, para decir quiénes y cómo somos “nosotros” y, en el mismo movimiento, quiénes y cómo son “ellos”. La lista de atributos que podría estar en la base de estas convocatorias de tinte comunitario es, en principio, ilimitada. Así, comunidad puede remitir a maneras de vivir, prácticas de trabajo, modos de consumo, orientaciones sexuales, orígenes étnicos, identidades de género, creencias religiosas, inscripción en relatos y tradiciones regionales, nacionales o locales, formas de ocio, lugares de residencia, prácticas “alternativas”, y muchos etcéteras más.

De tal forma, comunidad indica lo que somos hoy, sí, pero también anuncia nuestras potencialidades de cara a un futuro presumiblemente mejor que este presente, el que por varias razones nos parece condenable. Comunidad describe lo que existe, pero también denuncia lo que nos falta e indica aquello de lo que carecemos; o bien, en variantes más propositivas, anticipa lo que podríamos llegar a ser, aquello en lo que podríamos (y, en fuerte tonalidad normativa, deberíamos) convertirnos”[1]

Bien. Empezando por la primera característica que se llama “maneras de vivir”, cabe hacernos una pregunta: ¿la manera de vivir de los ateos es compartida, similar, parecida? Si bien podemos encontrar que mil ateos viven en una sola ciudad, no por ello comparten la misma forma de vivir; vamos, a veces ni siquiera se parece. Hay estudiantes, desempleados, amas de casa, maestros, profesionistas de varias ramas, académicos, técnicos… Cada uno en su esfera particular.

¿Prácticas de trabajo? Pues algunos ni siquiera tienen empleo.

¿Modos de consumo? Entre izquierdosos marxistas rojos de ultra izquierda y derechistas recalcitrantes y apologistas del orden de las cosas, ¿cómo podemos asumir que los ateos tienen modos de consumo que al menos se asemejen?

Orientaciones sexuales: entre los ateos hay de todo. Heterosexuales, homosexuales, bisexuales, transgénero, asexuales (jaaaa) y hasta homofóbicos. Desechado.

Orígenes étnicos: *cof, cof* vivimos en México. Si bien nuestro origen étnico es similar, eso no tiene absolutamente nada qué ver con ser ateo.

¿Identidades de género? No, dado que dentro de un solo grupo de ateos podemos encontrar machismo, feminismo o valemadrismo.

Vamos con las creencias religiosas. ¿Cuáles? Ok, siguiente.

Inscripción en relatos y tradiciones regionales, nacionales o locales. Aquí vale la pena indicar que hay una diferencia enorme entre una cartita fúrica dirigida al imbécil en turno que osa darle de patadas a nuestro pesebre y la recopilación de códices, leyendas y tradiciones escritas que le dan un sentido a una comunidad que sí exista. Descartado.

Para no hacerles el cuento largo y no parecer demasiado obvia, es evidente que el significado de “comunidad atea” no existe. ¿Es comunidad un grupo de gente sólo porque no cree en dios? No, solo somos individuos sin dioses, descreídos, probablemente escépticos, que pueden o no estar en un grupo o colectivo; podemos ser una asociación o una ONG que cuente con una descripción clara sobre los objetivos de la organización (cualesquiera que éstos sean) pero que no sujete o imponga a sus integrantes una manera de vivir, una orientación sexual o un modo de consumo porque no puede (ni debe) hacerlo.

Así las cosas, me quedo con mi término “Comunidad Atea®” para uso exclusivo de las fuerzas del troleo. No importa si quieren usarlo porque, como dice mi compa Enoch, los chistes son del dominio público.